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Conservas

Vinagre de manzana casero: las dos fermentaciones que nadie separa

Hacer vinagre en casa no es dejar manzana en agua y esperar. Son dos fermentaciones distintas, con microbios distintos y necesidades opuestas: la primera quiere estar tapada y la segunda quiere aire.

Las Manzanas · Equipo editorial

Tarro de cristal con vinagre de manzana en fermentación, con la madre visible en la superficie y un paño atado al cuello
  • Tiempo 720 h 20 min
  • Rendimiento unos 1,5 litros
  • Dificultad Media
  • Categoría Conservas

Hacer vinagre en casa no es dejar manzana en agua y esperar. Son dos fermentaciones distintas, con microbios distintos y necesidades opuestas: la primera quiere estar tapada y la segunda quiere aire.

Casi todas las recetas caseras las cuentan como si fueran una sola. De ahí salen los dos finales típicos: algo que sabe a sidra floja y nunca llega a picar, o algo que se llena de moho a la segunda semana.

Las dos fermentaciones

Primera: azúcar a alcohol. La hacen levaduras, sobre todo las que viven en la piel de la manzana. Convierten los azúcares de la fruta en etanol y no necesitan oxígeno para ello. Esto es hacer sidra, sin más: el mismo proceso que está desarrollado en la sidra de manzana casera, solo que aquí no nos vamos a parar ahí.

Segunda: alcohol a ácido. La hacen bacterias del género Acetobacter, y estas sí necesitan oxígeno. Toman el etanol y lo oxidan a ácido acético, que es lo que pica y lo que conserva.

De ahí sale la única regla que hay que recordar: tapado al principio, aireado después. Si aireas desde el primer día, el alcohol se oxida según se produce y nunca se acumula lo suficiente; queda un líquido flojo que no se conserva. Si mantienes el tarro cerrado hasta el final, te quedas en sidra y las acéticas no pueden trabajar.

Un paño atado al cuello sirve para las dos fases: deja salir el CO2 de la primera y deja entrar aire en la segunda, mientras impide que entren mosquitas. Lo que cambia entre fases no es la tapa, es cuánto líquido tienes y si lo remueves.

Con qué manzana, y por qué valen los restos

Esta es de las pocas recetas donde los restos son mejores que la fruta entera.

Las levaduras silvestres viven en la piel. El corazón y las semillas aportan pectina y aromas. Así que si acabas de hacer una tarta o una mermelada y tienes un cuenco de pieles y corazones, ese es el material ideal, y ya lo has pagado.

Cuenta las pieles y corazones de unos 2 kg de fruta para sustituir 1 kg de manzana troceada.

Sobre variedad: aquí importa menos que en el horno, porque todo va a fermentar igual. Lo que sí cambia es el azúcar de partida. Una Golden o una Gala maduras dan más alcohol y por tanto más acidez final. Una Granny Smith sola da un vinagre más flojo, así que compensa con los 100 g de azúcar de la receta.

Y un aviso que decide la tanda: si la manzana es de supermercado, quítale la cera antes. Esa capa industrial se lleva por delante las levaduras de la piel, que son justo las que tienen que arrancar. Se retira en dos minutos con agua caliente y un paño, y está detallado en la guía para lavar manzanas y quitar la cera.

El azúcar no es para endulzar

Los 100 g desaparecen. No queda nada de ellos en el vinagre final, porque la levadura se los come enteros en la primera fermentación.

Están ahí porque el alcohol que se produzca marca el techo de acidez que puedes alcanzar. Poca azúcar de partida significa poco alcohol, y poco alcohol significa un vinagre que no pica y que no se conserva bien. Es una cuenta, no un gusto.

Si tu fruta viene muy madura y muy dulce, puedes bajar a 70 g. Con manzana verde o con restos de fruta poco madura, mantén los 100.

La madre: qué es y si hace falta

La madre es una película de celulosa que fabrican las propias bacterias acéticas. Flota, es gelatinosa y translúcida, y con el tiempo engorda hasta parecer una tortita de color ámbar.

No hace falta para empezar. Sin ella, las acéticas tienen que llegar solas desde el aire de la cocina, cosa que ocurre, pero tarda. Dos cucharadas de un vinagre de manzana sin pasteurizar —de los que se venden turbios y con posos— siembran la colonia de golpe y recortan semanas. Un vinagre filtrado y pasteurizado de supermercado no sirve para esto: no lleva bacterias vivas.

Cuando termines, guarda un trozo de madre en un poco de vinagre. La siguiente tanda irá mucho más rápida.

Cómo saber que está listo

Por el sabor, no por el reloj.

Prueba con una cuchara limpia a partir de la cuarta semana, y luego una vez por semana. Buscas tres cosas a la vez: que pique en la nariz al acercarlo, que no quede dulzor —eso indicaría azúcar sin fermentar— y que no se note el alcohol, que sabría a sidra.

El tiempo total va de uno a tres meses, y lo que más lo mueve es la temperatura. Entre 20 y 28 °C las acéticas trabajan bien. Por debajo de 18 se ralentiza mucho; por encima de 30 empiezan a sufrir.

Si quieres un dato en vez de una impresión, unas tiras de pH de farmacia te sirven para orientarte: un vinagre hecho baja de 3,5. No te dan el porcentaje de acidez, pero sí confirman que la fermentación ha ido a donde tenía que ir.

Qué puede salir mal

Moho, y hay que saber distinguirlo de la madre. La madre es lisa, gelatinosa, translúcida, de color crema o ámbar, y está pegada a la superficie. El moho es peludo o aterciopelado, sale en manchas verdes, negras o azuladas y tiene relieve. La madre se conserva. El moho obliga a tirar la tanda entera, sin rescatar la parte de abajo: en un líquido, lo que se ve en la superficie es solo una parte de lo que hay.

Una película blanca, fina y arrugada que no es ninguna de las dos suele ser levadura de superficie, inofensiva. Se retira con una cuchara y se sigue.

No pica y huele a sidra. Le falta tiempo, o le falta aire. Comprueba que el tarro no esté lleno hasta arriba: hace falta superficie de contacto.

Huele a disolvente o a quitaesmalte. Exceso de oxígeno con poco alcohol, típico de haber aireado desde el principio. No tiene arreglo.

Mosquitas. El paño no estaba bien atado. Son inofensivas para el vinagre pero traen otras esporas, así que vale la pena colar y volver a tapar en condiciones.

El tarro y las cantidades

Un tarro de boca ancha de 2 litros para la receta tal cual. Ancho importa más que alto: en la segunda fermentación lo que manda es la superficie en contacto con el aire, no el volumen.

En la primera fase se llena casi entero, porque la fruta flota y hay que poder hundirla. En la segunda, después de colar, como mucho hasta dos tercios. Ese hueco no es desperdicio: es el aire que necesitan las acéticas.

De 1 kg de fruta con 1,2 l de agua salen alrededor de 1,5 litros de vinagre, que son dos botellas de 750 ml. Escalar es proporcional y sin sorpresas, a diferencia de una mermelada: aquí no hay evaporación que calcular.

Nada de metal en contacto prolongado. El vinagre en formación ataca el aluminio y el hierro. Cristal para fermentar, y para remover madera o silicona. El acero inoxidable vale para un momento, no para dejarlo dentro.

Qué deberías ver, semana a semana

Es un proceso lento y sin apenas señales, y ahí es donde la gente se pone nerviosa y lo tira antes de tiempo. Esto es lo normal:

MomentoQué vesQué hueles
Días 1-3Burbujas finas al remover, la fruta subeManzana, dulzón
Días 4-10Espuma en el borde, burbujeo claroLevadura, pan, algo de alcohol
Semana 2Deja de burbujear, el líquido se aclaraSidra
Semanas 3-5Película fina en la superficieSidra con un punto ácido
Semanas 6-10La película engorda y se vuelve gelatinosaÁcido, empieza a picar
Mes 2-3Líquido ámbar, madre asentadaVinagre

Si en la semana 2 sigue burbujeando con fuerza, la primera fermentación no ha acabado: espera antes de colar. Y si en la semana 6 no hay ni rastro de película, revisa la temperatura antes que nada.

Variantes

Más rápido, con arranque doble. Además de las dos cucharadas de vinagre con madre, guarda medio vaso del líquido de la fase uno y añádelo cuando la madre ya esté formada. Acorta unas dos semanas.

Con especias. Canela en rama, clavo o unas bayas de enebro, siempre en la segunda fase y enteras. En la primera compiten con la levadura y algunas la frenan.

Con miel en vez de azúcar. Funciona, pero la miel cruda trae sus propias levaduras y el resultado es menos previsible. Si la usas, que sea pasteurizada, y sube a 130 g porque endulza menos de lo que parece por peso.

Filtrar, embotellar y guardar

Cuela por un paño fino o varias capas de gasa. Embotella dejando poco espacio de aire y cierra bien: ahora que ya es vinagre, el oxígeno solo puede degradarlo.

En botella cerrada y a oscuras aguanta años. Su propia acidez lo conserva y no necesita nevera. Con los meses puede formar posos o una madre nueva; no es un defecto y se filtra si molesta a la vista.

Para qué sirve, y para qué no

Sirve para aliñar, para desglasar una sartén, para marinar, y diluido en agua como bebida.

No sirve para hacer conservas ni encurtidos. Conservar en vinagre exige una acidez garantizada del 5%, y la de un vinagre casero es desconocida y cambia de una tanda a otra: depende del azúcar de partida, de la temperatura y del tiempo. Para encurtir se usa vinagre comercial, que trae la acidez declarada en la etiqueta. Esta es la regla estándar de conserva doméstica y no es una precaución excesiva: es la diferencia entre un tarro estable y uno que no lo es.

Si lo que buscabas era conservar manzana, el chutney y la mermelada son las dos vías con acidez y azúcar controlados.

Y si lo que te interesa es el vinagre de manzana como producto —qué efectos tiene demostrados y cuáles no—, eso está en el artículo sobre el vinagre de manzana, que separa lo que dice la evidencia de lo que dice internet.

Ingredientes

8 tarros

Base

  • 1 kgmanzanas (o pieles y corazones de 2 kg de fruta)
  • 1.2 lagua sin cloro (embotellada, o del grifo reposada 24 h)
  • 100 gazúcar

Arranque

  • 2 cdasvinagre de manzana sin pasteurizar, con madre (opcional)

Pasos

  1. 01

    Lava y trocea

    Lava bien la fruta y trocéala sin pelar: la piel lleva las levaduras silvestres que arrancan la primera fermentación. Si usas manzana de supermercado, quita la cera antes con agua caliente y un paño, o esas levaduras no estarán.

  2. 02

    Primera fermentación, TAPADA

    Pon la fruta en un tarro amplio, disuelve el azúcar en el agua y cúbrela por completo. Tapa con un paño y ata. Remueve una vez al día y hunde la fruta que flote. En 1-2 semanas huele a sidra y deja de burbujear: la levadura ya ha convertido el azúcar en alcohol.

  3. 03

    Cuela y pasa a la segunda

    Retira toda la fruta y cuela el líquido. Devuélvelo al tarro limpio, llenándolo como mucho a dos tercios: ahora hace falta superficie en contacto con el aire. Añade las dos cucharadas de vinagre con madre si las tienes.

  4. 04

    Segunda fermentación, AIREADA

    Vuelve a tapar con el paño y deja el tarro quieto, sin removerlo, en un sitio oscuro entre 20 y 28 °C. Aquí no se toca: la película que se forma en la superficie es la madre y romperla retrasa el proceso.

  5. 05

    Prueba a partir de la cuarta semana

    Prueba con una cuchara limpia cada semana. Estará cuando pique en la nariz y en la garganta, sin rastro de dulzor ni de alcohol. Tarda entre 1 y 3 meses según la temperatura.

  6. 06

    Filtra y embotella

    Cuela por un paño fino, embotella dejando poco aire y cierra bien. Guarda en oscuro. Reserva un trozo de madre en un poco de vinagre para la siguiente tanda.

Información nutricional

Por 100 g (estimación) Fuente: BEDCA + USDA
Calorías 22kcal
Hidratos de carbono 0.9g
de los cuales azúcares 0.4g
Grasa total 0g
Proteínas 0g

Notas

El azúcar no endulza el vinagre final: es el alimento de la levadura en la primera fermentación y desaparece por completo. Sin él, una manzana poco dulce da tan poco alcohol que la segunda fermentación se queda a medias y el resultado no se conserva.

Preguntas frecuentes

  • Porque son dos microbios con necesidades opuestas. La levadura convierte azúcar en alcohol sin necesitar oxígeno. Las bacterias acéticas convierten ese alcohol en ácido acético y para eso sí lo necesitan. Airear desde el principio da un fermentado flojo; tapar al final lo deja estancado en sidra.

Fuentes

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